Se ha dicho que lo que solemos entender por perfección no es más que la interrupción de un proceso. Una foto tomada en el instante preciso. Miro, ennegreciéndose en el frutero, el mango que no me comí en su instante preciso, y ya no veo un mango: veo mi horror. Quiero apartarlo de mi vista, tirarlo a la basura lo más pronto posible.